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| Escrito por Guarionex Rosario | |
El semáforo cambió a rojo y como es de rigor detuve mi auto. Como de la nada, en un abrir y cerrar de ojos, cubriendo su cuerpo tan solo con una manta mugrienta, el trastornado apareció frente a mi. Por un instante me miró fijamente a los ojos tratando quizás de transmitirme su deseo sin mediar palabras, sin embargo, rápidamente comprendió que yo no hablaba su idioma y optó por el lenguaje de los sonidos: “Dame algo” exclamó con voz ronca y precisa. “No tengo” le respondí casi por instinto. Entonces, como respuesta a mi escasez de solidaridad con el prójimo, sin rabia, sin enojo y sin palabras, el desequilibrado abrió la manta que cubría su cuerpo y me mostró a mi y a mi acompañante todo el esplendor de su arma de reglamento. Comentarios (0)
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